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jueves, marzo 03, 2011

David y Goliat: una lucha de palabras


La lucha entre David y Goliat es uno de los relatos bíblicos más conocidos. ¿Es posible aprender algo nuevo de él? Al fin y al cabo, es el relato de una lucha desigual: un rival fuerte, "invencible", como Goliat, y un hombre aparentemente "débil", fácil de ganar, que es David, un pastorcillo joven. En algún momento de nuestra vida, o quizás en este momento, nos sintamos como David. Enfrentando a un gigante, a un Goliat. Nuestro Goliat puede ser un problema, una situación que llevamos años lidiando con ella, algo que nos preocupa. Y como David, estamos solos o solas frente a esa situación que se ve mucho más grande que nosotros.  

Al leer el relato, que está registrado en la Biblia en 1 Samuel 17, nos damos cuenta de varios detalles, que nos demuestran que la lucha entre David y Goliat no sólo se trataba de lo que se veía a simple vista. También era cuestión de palabras.

Note cómo describe la Biblia las palabras que decía Goliat a los hombres de Israel:

Goliat se paró y dio voces a los escuadrones de Israel, diciéndoles:

-¿Para qué se han puesto en orden de batalla? ¿No soy yo el filisteo y ustedes los siervos de Saúl? Escojan de entre ustedes un hombre que venga contra mí.

Si él puede pelear conmigo y me vence, nosotros seremos sus siervos; y si yo puedo más que él y lo venzo, ustedes serán nuestros siervos y nos servirán.

Hoy yo he desafiado --añadió el filisteo-- al campamento de Israel; denme un hombre que pelee conmigo.

1 Samuel 17:8-10   
Goliat estaba acostumbrado a esta rutina de intimidación. Dice la Biblia que él se paró, es decir, sus imponentes 3 metros de altura se hicieron visibles a todo el ejército de Israel, en el valle de Elah. Su actitud era desafiante. Y cuando abrió la boca para hablar... sus palabras eran de amenaza. "Dio voces", es decir, comenzó a gritar para que todo el mundo le oyera. Nos imaginamos un tono de voz grave y fuerte, con una fuerte carga emocional de ira y deseos de hacerse temer de los israelitas. 
¿Qué efecto tuvo esto en los soldados israelitas?
"Al escuchar Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo, se turbaron y tuvieron mucho miedo" (1 Samuel 17:11). 

En el hebreo original, la palabra hebrea que se traduce "turbaron" es Chathath. Significa "tener temor, desmayarse del susto, estar aterrorizado, estar quebrado". Es interesante el significado de la frase " estar quebrado", como si uno fuera una copa de cristal que cae y se quiebra en varios pedazos. Así parecían ser Saúl y sus soldados: como copas de cristal que cayeron y quedaron quebrados en mil pedazos.

¿Nos sentimos así cuando tenemos problemas? ¿Cuando por ejemplo, nos llega una noticia que no esperábamos o nos enteramos de algo que nos afecta?

El escuchar a Goliat quebró en mil pedazos el ánimo y la fuerza psicológica de Saúl y sus soldados. ¿Cómo luchar así contra los enemigos?

De esto aprendemos algo: que las palabras o cosas que escuchamos que otra persona nos diga o que nos enteremos, pueden quebrarnos en mil pedazos. Pueden ser las palabras de los padres, de un compañero de trabajo o de una persona cercana. Las palabras son poderosas, influyen para bien o para mal. En el caso de los soldados israelitas, influyeron para mal.

A veces no podemos evitar escuchar esas palabras debilitadoras. Depende de cómo reaccionamos a ellas, nuestro éxito o fracaso. 


¿A quién estamos escuchando? Si escuchamos a los Goliats de nuestra vida, a esas personas que constantemente nos bombardean con su habla negativa, que siempre nos están criticando o diciendo que nuestros proyectos no valen la pena, entonces, quedaremos quebrados emocionalmente. ¿Con qué fuerzas podremos sacar adelante las cosas que realmente queremos? Debemos negarnos a escuchar esa habla de Goliat en nuestras vidas. Identifiquemos a quiénes nos hablan con las palabras de Goliat, y evitemos su influencia negativa.


Cuando David llega al campamento de los soldados israelitas, adonde fue enviado por su padre para llevar comida y provisiones a sus hermanos mayores, vio que Goliat salió, como de costumbre, a amenazar a Israel. 
Por la mañana y por la tarde, durante cuarenta días, Goliat decía exactamente las mismas palabras amenazantes. ¿Se imagina lo que es escuchar mañana y tarde las mismas palabras de intimidación? Hasta que al final de los 40 días, alguien diferente escuchó a Goliat... David. 

Cuando Goliat salía a hablar, todos los hombres de Israel que veían a aquel hombre huían de su presencia y sentían gran temor. No era un temor chiquito, no, era un temor grande, un gran temor.


David escuchó que había una jugosa recompensa para quien venciera a Goliat:
el rey Saúl le daría grandes riquezas, su hija Mical como esposa y eximiría de tributos a la casa de su padre en Israel.


Riquezas, una princesa de Israel por esposa, y quedar libre de deudas. Esa era la recompensa de quien venciera a Goliat. Sin embargo, la motivación primaria de David es santificar el nombre de Dios y limpiarlo del oprobio de Goliat contra Israel.


Esto nos hace pensar en las motivaciones, en aquello que nos motiva o mueve a hacer las cosas. A David sin duda le atraía la posibilidad de ganar tantos beneficios: riquezas, esposa y quedar sin deudas de por vida. Pero su principal motivación era el nombre de Dios.


Siempre es importante revisar en nuestro corazón las motivaciones, y tener las motivaciones correctas.


A continuación, vemos la conversación entre 2 reyes: Saúl, el rey visible de Israel, y David, el rey invisible de Israel, ungido por Dios:

Dijo David a Saúl:
-Que nadie se desanime a causa de Goliat. Tu siervo irá y peleará contra este filisteo.

Dijo Saúl a David:
-Tú no podrás ir contra aquel filisteo, y pelear con él, porque eres un muchacho, mientras que él es un hombre de guerra desde su juventud.


David respondió a Saúl:
-Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre. Cuando venía un león o un oso, y se llevaba algún cordero de la manada, y yo salía tras él, lo hería y se lo arrancaba de la boca. Y si se revolvía contra mí, le echaba mano a la quijada, lo hería y lo mataba.


Ya fuera león o fuera oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente.
Jehová -añadió David-, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de manos de este filisteo.


Dijo Saúl a David:
-Ve, y que Jehová sea contigo.


David simplemente dijo a Saúl que él iría, y lo haría con el respaldo de Dios. Saúl le dijo a David que no podría ir, pues era tan solo un muchacho.


Puede ser que deseamos emprender un proyecto, tomar una acción, y alguien "bien intencionado" nos dice "no lo hagas, no vas a poder, no, no, no...". Ese es el habla de los Saúles, esas personas llenas de temor, de envidia y celos, que nunca tuvieron el valor de luchar por lo que querían, y tratan de desanimar a que otro sí luche por lo que quiere y por sus sueños. 


Según lo que hemos visto hasta este punto, para David luchar contra Goliat primero fue una lucha contra la actitud negativa de los mismos soldados israelitas. ¿Lección? Cuidado con los "bien intencionados", los que buscan desanimarnos de ir en pos de vencer nuestros problemas o lograr hacer realidad nuestros sueños.

http://1.bp.blogspot.com/_7p0Y1PPIDJY/TFCZcxzDbKI/AAAAAAAADmY/ySOud5Sgyos/s400/sling.jpgEn el momento decisivo, David tomó en la mano su cayado y escogió cinco piedras lisas del arroyo, las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y con su honda en la mano se acercó al filisteo. Ahora se desarrollo otro diálogo: el de David y Goliat:

Cuando el filisteo miró y vio a David, no lo tomó en serio, porque era apenas un muchacho, rubio y de hermoso parecer.


El filisteo dijo a David:
-¿Soy yo un perro, para que vengas contra mí con palos?


Y maldijo a David invocando a sus dioses.


Dijo luego el filisteo a David:
-Ven hacia mí y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo.



Entonces dijo David al filisteo:


-Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina; pero yo voy contra ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.


Jehová te entregará hoy en mis manos, yo te venceré y te cortaré la cabeza. Y hoy mismo entregaré tu cuerpo y los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra, y sabrá toda la tierra que hay Dios en Israel.
http://picture-book.com/files/userimages/2447u/dtgf_page14.jpg
 
Y toda esta congregación sabrá que Jehová no salva con espada ni con lanza, porque de Jehová es la batalla y él los entregará en nuestras manos.


Ambos hicieron sus declaraciones de guerra. David, invoca a Dios, el Dios de Israel, como el agraviado por el desafío de Goliat. Es Jehová el que dará en mano de David la victoria, para que todos sepan que no es la espada ni la lanza la que da la victoria, sino Jehová, a quien pertenece la batalla.

¿Qué dice Goliat? Maldice, invocando sus dioses. David ya declaró con sus palabras que Goliat está vencido.


Esto nos muestra algo importante: David declaró su victoria ante Goliat con sus palabras. "Jehová te entregará hoy en mis manos, yo te venceré y te cortaré la cabeza. Y hoy mismo entregaré tu cuerpo y los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra, y sabrá toda la tierra que hay Dios en Israel." Fue una profecía cumplida.


Podemos usar nuestras palabras para declarar la victoria que Dios nos dará sobre los Goliats de nuestra vida. la oración constante nos ayudará a concentrarnos y enfocarnos en el Dios que nos hace vencer sobre cualquier amenaza.


El final de la historia lo conocemos: 

http://gb.fotolibra.com/images/thumbnails/50118-sling-stones-david-v-goliath-illustration.jpegAmbos corren a la línea de batalla. David metió su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, la tiró con la honda e hirió al filisteo en la frente. La piedra se le clavó en la frente y cayó a tierra sobre su rostro.


Así venció David al filisteo con honda y piedra. Hirió al filisteo y lo mató, sin tener David una espada en sus manos.


Entonces corrió David y se puso sobre el filisteo; tomó su espada, la sacó de la vaina, lo acabó de matar, y le cortó con ella la cabeza.


Cuando los filisteos vieron muerto a su paladín, huyeron.

Se levantaron luego los de Israel y los de Judá, dieron gritos de guerra y siguieron tras los filisteos hasta el valle y hasta las puertas de Ecrón. Muchos filisteos cayeron heridos por el camino de Saaraim hasta Gat y Ecrón.

Sí, los soldados que temblaban de miedo dieron gritos de guerra... después que David le cortó la cabeza a Goliat.

Las palabras tienen poder. Edifican o derriban a una persona, la debilitan o la fortalecen. Por eso es importante asegurarnos de escuchar palabras que nos animen, que nos den fuerza y valor para salir adelante. Escuchar palabras de fe y hablar palabras de fe nos darán la victoria sobre los Goliats o problemas de nuestra vida.