Imaginación, Realidad Virtual y lo Divino


En una película, los efectos especiales son un aspecto fundamental. En una época en la que parecía que ya estaba todo inventado en ese aspecto, Matrix fue capaz de innovar y sorprender a todo el mundo.  

La empresa que realizó dichos efectos especiales fue Manex Visual Effects, propiedad del coordinador de efectos visuales Jonh Gaetta. Su mayor logro fue crear una nueva técnica capaz de rodar 12.000 fotogramas por segundo. Esta técnica, llamada tiempo muerto o “bullet time”, congelaba una imagen a media acción para luego rotar la cámara hasta otro ángulo totalmente diferente y seguir con el movimiento del objeto filmado. En Matrix, la secuencia de Neo esquivando las balas, sólo él y el agente eran reales. El resto, las balas, la azotea, el edificio, el humo, el cielo y el helicóptero fueron todos generados por computadoras. Este es tan sólo un ejemplo de las muchas imágenes sorprendentes e impactantes que hemos visto en los últimos 20 años, a través del cine, la televisión y la Red. Sí, vivimos en un mundo de imágenes.

Gracias a la tecnología actual y los avances científicos, se han podido diseñar y crear imágenes que han influido en el mundo en el que vivimos, lo que a su vez tiene una clara 
influencia en nuestra percepción de la realidad.

Si pensamos seriamente en las imágenes que tenemos en nuestra mente, y en nuestra percepción de la realidad, ¿podemos negar la influencia que tiene sobre nuestra mente el constante bombardeo de imágenes que vemos a través del cine y la T.V. o el Internet? 

¿Pueden estas imágenes hacer imposible que se distinga la verdad de la ilusión y puede llevar a la confusión entre la realidad y la realidad virtual?

Las imágenes que tenemos en nuestra mente, para nosotros son reales. Por ejemplo, lo que soñamos anoche o la última vez que soñamos, son imágenes que verdaderamente existieron en nuestra mente. No podemos negarlas ni ocultarnos el hecho de que las soñamos. O cuando nos imaginamos cómo será el fin de semana, es algo que realmente está en nuestra mente.

Y si nuestra imaginación incide en nuestra realidad, también incide en nuestra percepción de lo Divino: la existencia de Dios, su naturaleza y esencia divina, el fin del mundo y asuntos afines. ¿Cómo nos imaginamos a Dios? ¿Lo que imaginamos de Dios o Jesucristo corresponde con la realidad de quiénes son ellos, o se asemeja más a una percepción distorsionada de la verdad? 

Por ejemplo, cuando escuchamos a una persona decir la palabra "mango", ¿qué nos viene a la mente? Pues no nos imaginamos una papa o un carro. Vemos en la mente un mango. Así de simple.

Sin embargo, cuando se trata de asuntos intangibles, abstractos, cosas que no podemos oler, tocar o ver, como Dios, y lo Divino, entra en juego decisivamente nuestra imaginación. ¿Cómo puede uno imaginarse a Dios? Y la imagen que uno tenga en su mente de Dios es importante, a Dios le importa qué imagen tenemos de Él, por eso en el Éxodo leemos sobre uno de los 10 Mandamientos la siguiente advertencia:    

No te harás imagen tallada ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 

  No te inclinarás a ellas ni serás inducido a servirlas, porque yo soy Jehová, tu Dios 
   
Éxodo 20:4-5 

Jehová no quería que la nación de Israel hiciera imágenes. ¿Por qué? Porque el hacer imágenes, moldearía en su mente y corazón imágenes de quién era Dios, de cómo era, y se formaría un mundo en su mente con una imagen en su mente de Dios que no correspondería con la realidad. La realidad sobre la naturaleza de Jehová, es la que nos enseñó Jesucristo: que Dios es un Espíritu, y quienes le adoran, le adoran con espíritu y con verdad, no basados en imágenes fantasiosas o con descripciones de semejanzas a nada que exista ni en el Cielo ni en la Tierra. Recordamos el episodio del becerro de oro, como un intento de divinizar una imagen, y asemejarla a Dios, de hecho, se concibió en la mente de esas personas que adoraron al becerro de oro como si fuera Jehová Dios mismo.   

La historia está repleta de ejemplos en los que se crea una imagen y se la diviniza, creando en el subconsciente colectivo una realidad. En este caso, la realidad de que su dios es correspondiente a la imagen. Un ejemplo de ello es el antiguo Imperio Romano, que veía como válido el adorar a las imágenes, bajo el principio neoplatónico de que las imágenes son representaciones que nos ayudan a entrar en contacto espiritual con lo que representan. Es decir, que la imagen es una especie de memoria visual del mundo espiritual. Las Escrituras indican claramente que el hombre es imagen y semejanza de Dios, y no necesita conectarse con su Creador y Padre de otra forma que no sea sino la conexión espiritual, no visual o física.  

Actualmente vemos la proliferación de las imágenes, que de una forma subliminal, distorsionan y desfiguran la imagen que podemos tener de Dios. En las películas que vemos sobre una invasión extraterrestre, no es una invasión extraterrestre real, pero en nuestra mente no existe diferencia entre lo real y lo imaginario ¿cierto? 

Las imágenes que observamos en la gran pantalla o mente del mundo penetran nuestras creencias, nuestra forma de relacionarnos, nuestros deseos, nuestra imagen y percepción de Dios, del bien o el mal, entro otros temas relacionados. ¿Quién no ha soñado con una persona que sólo conoce a través de una película? ¿Cuántas personas no desean conocer a una celebridad o actúan conforme a lo que proyecta esta celebridad como si fuera el mandamiento de una deidad? 

Llegando a este punto, es interesante destacar las reflexiones de un teórico de la comunicación: Marshall Mcluhan (1911-1980), filósofo y crítico literario canadiense, creador de la frase "aldea global", para describir la exponencialmente creciente interconectividad humana a escala global, generada por los medios electrónicos de comunicación, en la década de los 60. 

Para este filósofo, con la velocidad de las comunicaciones, toda la sociedad humana comenzaría a transformarse y su estilo de vida se volvería similar al de una aldea. Debido al progreso tecnológico, todos los habitantes del planeta empezarían a conocerse unos a otros y a comunicarse de manera instantánea y directa. Si eso lo concluyó Mcluhan observando el impacto de la T. V., ¿qué pensaría hoy día en esta era de redes sociales, con el creciente poder de la Red en la consciencia global? 

Mcluhan habló de un "anti-Cristo", al decir: "los ambientes de información eléctrica siendo totalmente etéreos fomentan la ilusión del mundo como una sustancia espiritual. Es ya un facsímil del cuerpo místico (de Cristo), una manifestación descollante del Anti-Cristo. Después de todo, el Príncipe de este mundo es un gran ingeniero eléctrico”.  (Carta a Jaques Maritain).

Mcluhan vio la posibilidad de que las tecnologías de la información, crearan un espacio virtual donde interactuamos, en el que el Anti-Cristo es quien toma el lugar de Cristo (como un holograma en el cielo). Los ambientes de realidad virtual, o los espacios virtuales producto del cine y la T. V., toman propiedades divinas: son omnipresentes, son omniscientes, no están hechos de materia como la conocemos sino de información pura, de luz y frecuencias que viajan invisiblemente en el espacio como ángeles. O demonios.

Lo que hacen las cámaras de televisión ya lo hacen nuestros ojos, lo que hacen los juegos de realidad virtual ya lo hace nuestro pensamiento y nuestros sueños. En tiempos pasados se usaban los jeroglíficos, las estatuas, las imágenes esculpidas, y hoy día se usan las imágenes del Facebook, de las noticias, las películas, los cómics y demás representaciones gráficas.

Nuestra mente observa las imágenes, y saca sus propias conclusiones. Dependiendo de cómo vemos las imágenes y las percibimos, estructuraremos la realidad y le daremos significado. Y eso incluye a lo Divino y al Divino. Veremos a Dios en nuestra mente como lo percibamos, y buena parte de esa percepción pudiera ser distorsionada de lo que realmente enseñan las Escrituras sobre Dios, porque son el producto de la imaginación de la mente de alguna persona con un enfoque equivocado sobre Dios. 

En suma: quizás proyectamos en nuestra mente la percepción que tengamos de Dios en base a lo que otra persona haya imaginado. Tal vez vemos en Jehová a una persona distante y cruel, o lejano a mi realidad personal y a lo que yo soy, porque quien me enseñó de Dios me lo mostró así. ¿Y por qué esa persona me enseñó al Padre de esa manera que no corresponde con lo que Él es realmente? Porque ella misma ve a Dios con un enfoque distorsionado. 

Importante es entonces el no permitir que nuestra percepción de lo Divino sea moldeado por las películas, o por el enfoque distorsionado de la realidad del Padre que otros tengan, sino por nuestras propia búsqueda de la verdad y el deseo de adquirir el verdadero conocimiento de Dios, que nos lo muestre como lo que realmente nos enseñó Jesús: un Ser Espiritual, que es nuestro Padre, nos ama, y nos hizo a Su Imagen y Semejanza. Nadie mejor que Jesucristo para enseñarnos sobre Jehová, porque Él no tiene en sí mismo una imagen distorsionada de Jehová: Él es la Imagen del Dios Invisible, Jesucristo conoce y sabe quién es el Dios Vivo y Verdadero real, no el imaginado de las mentes oscurecidas y engañadas.  
 
 



  

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